sábado, 13 de noviembre de 2010

Aprendiendo a vivir

Habían pasado 6 años desde que Luthyen llegó a la abadía de Villanorte. Se había aplicado como siempre hacía, pasándose la mayor parte de su tiempo libre en la biblioteca o trabajando en los viñedos. Llegó el momento de su preparación de campo, era cuando saldría de la abadía para acostumbrarse al trabajo de campo, antes de vivir la batalla, a la que iría siendo ya sacerdote. Debería pasar los próximos meses en el reino de Elwynn, primero iría a Villadorada y comenzaría a ayudar a las gentes del pueblo, informando de vez en cuando de sus avances a la abadía.

En principio solo viajaba por los alrededores de Villadorada, hasta que, después de haber conocido a dos miembros de la iglesia de la Luz de Ventormenta, Lyriah y Nostiag, se atrevió a ir con ellos a Ventormenta, después de avisar en la abadía, puesto, se habían ofrecido amablemente a enseñarle la grandiosa Catedral de la Luz. Cuando vio los muros de la enorme ciudad de Ventormenta se quedó anonadado. Se paraba en cada tramo del camino, leyendo aquí una placa, contemplando ayá los peces del canal, igual que un niño que llega a un lugar nuevo. Una vez en la catedral le mostraron las diversas alas de ésta y sus funciones, pero lo que más le llamó la atención, fue el orfanato situado justo al lado, abarrotado de niños repartidos para tan solo dos cuidadoras.


Estaba tan maravillado que no se dio cuenta del tiempo, y pronto se le hizo de noche, por lo que decidió quedarse allí. Justo antes de irse a dormir, paseando por la zona más antigua, comenzó a llover, corrió pues a resguardarse en un portal, y pasó allí largo rato mirando el cielo, ensimismado, escuchando la brisa que venía del mar...entonces cuando su mirada se cruzó con la de Kalishta, a la que había conocido hacía algún tiempo en los alrededores de la pequeña villa. Terminaron hablando sobre la idea de viajar al norte, a Lordaeron, Luthyen deseaba saber qué sucedió con su familia, y creía que el único modo era ir a Tirisfal. Kalishta le contó que acababa de alistarse en la Legión de Plata, por lo que no podría ser al menos hasta dentro de un tiempo. Eso entristeció al joven sacerdote, a lo que ella reaccionó abrazándole tiernamente, comprendiendo el por qué él deseaba arriesgarse tanto.


Al día siguiente regresó a Villadorada, donde se encontró con que al parecer, había problemas con los kóbolds, que se habían apoderado de la Mina Abisal, no dudó un momento y se puso en camino.

Día 17 del noveno mes del 27º año tras la apertura del Portal Oscuro

“Tal y como imaginaba los mayores problemas que hay en Elwynn son los bandidos y las interminables incursiones de kóbols en las minas y canteras. Precísamente en la mina abisal donde me encontré de nuevo con Luthyen. El pobre se estaba defendiendo como podía de unos kóbolds así que no dudé en intervenir despachando a esas criaturas. Por lo que parece no suelen ser una amenaza pero sí son bastante territoriales y tienen un extraño complejo de mineros que les lleva a protejer sus velas de un modo bastante paranoico con su vida. Por lo visto a él también le pidieron que investigara las minas. No se si esa es una tarea apropiada para un aprendiz de sacerdote así que por eso decidí acompañarle. Agradecido me invitó a cenar. No es mal chico, pero a veces creo que tiene la cabeza en otro sitio.”

Día 18 del noveno mes del 27º año tras la apertura del Portal Oscuro

“Hoy ha sido un día de tormentas. He vuelto a Ventormenta y he tenido que refugiarme bajo uno de los puentes de interconexión. Allí volví a toparme con Luthyen y un humano llamado John. Por lo visto a ellosles había sucedido lo mismo.” [Estracto del diario de Kalishta]

A la tarde, volvía a llover, se quedó entonces en la posada, donde conoció a Timothy y Aerin, y se reencontró con el viejo Terras, al cual había conocido cuando éste trabajaba en la abadía como bibliotecario. Estuvieron charlando largo rato, mientras cada cual se tomaba su remedio preferido al frío, en el caso de Luthyen, un vaso de leche caliente con miel.

Decidí pasar la noche en Villadorada. Por fortuna alquilé una habitación como medida de emergencia por si la tormenta no cesaba. Allí estaba Luthyen haciendo sus tareas y el pobre se llevó un buen susto al verme y no se lo pensó a la hora de sanar mis heridas y colocarme el brazo de nuevo. Ahora solo necesito descansar y doy gracias por haber salido de aquel lugar.” [Estracto del diario de Kalishta]

Luthyen estaba muy nervioso y asustado, pero decidió actuar rápido, sin hacer preguntas, lo único que le importaba era que ella se recuperara cuanto antes. Intentó usar la luz pero debido a su nerviosismo no fue capaz de concentrarse, así que utilizó la medicina común. Cuando comprovó que Kalishta ya estaba bien acomodada en la cama y pronto se durmió, por fin pudo respirar tranquilo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario